Vistas de página en total

domingo, 7 de octubre de 2012

La oficina

"Hice todo bien, hablé de temas interesantes, me mostré interesado, conté cosas importantes, otras graciosas, ni muy superficial ni muy denso, y aún así, no: no soy lo que anda buscando."

El Burócrata discurre en su relato de la última cita, a todas luces, injustamente infructuosa.

Habla como quien ha concurrido a hacer un trámite a la "oficina de los otros". Un lugar donde se entregan papeles y tarde o temprano te entregan el tuyo. De alguna manera, al concedernos una entrevista, el encargado de la sección Relaciones Románticas, debería tomar todos nuestros datos y cumplimentar el trámite. Y si no,  darnos una explicación de qué es lo que falló en la solicitud.

Lógica de la oficina que atrapa al otro en una telaraña de papeles y donde nada nos sorprenderá.

Pero muchas veces asiste al encuentro no un delegado de oficina ni agente de ventas. Más bien, quizá un pobre diablo también tramitando su solicitud.

Pero a mi amigo burócrata, este pobre diablo del otro lado de la mesa de café, le importa soberanamente un carajo. Y hasta me lo imagino yendo a su cita con una frase de esas que a la televisión le gustan tanto "yo hace horas que espero, estoy acá desde las seis de la mañana". Como si el amor tuviera algo que ver con eso.

Bien por el pobre infeliz que escapó. Bien por los que no se dejan atrapar por las cuadrículas. Amigo mío, ya encontrarás un buen oficinista que saque su planilla y diga, sí, has cumplimentado todos los pasos requeridos, proceda por esa puerta, ahora nos casamos.