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lunes, 10 de diciembre de 2012

Llegada
 
Hoy mi padre me dijo que soy un buen tipo y que está orgulloso de mí.

.....

¿qué se hace ahora? 

¿empaco todo y vuelvo a casa?

domingo, 7 de octubre de 2012

La oficina

"Hice todo bien, hablé de temas interesantes, me mostré interesado, conté cosas importantes, otras graciosas, ni muy superficial ni muy denso, y aún así, no: no soy lo que anda buscando."

El Burócrata discurre en su relato de la última cita, a todas luces, injustamente infructuosa.

Habla como quien ha concurrido a hacer un trámite a la "oficina de los otros". Un lugar donde se entregan papeles y tarde o temprano te entregan el tuyo. De alguna manera, al concedernos una entrevista, el encargado de la sección Relaciones Románticas, debería tomar todos nuestros datos y cumplimentar el trámite. Y si no,  darnos una explicación de qué es lo que falló en la solicitud.

Lógica de la oficina que atrapa al otro en una telaraña de papeles y donde nada nos sorprenderá.

Pero muchas veces asiste al encuentro no un delegado de oficina ni agente de ventas. Más bien, quizá un pobre diablo también tramitando su solicitud.

Pero a mi amigo burócrata, este pobre diablo del otro lado de la mesa de café, le importa soberanamente un carajo. Y hasta me lo imagino yendo a su cita con una frase de esas que a la televisión le gustan tanto "yo hace horas que espero, estoy acá desde las seis de la mañana". Como si el amor tuviera algo que ver con eso.

Bien por el pobre infeliz que escapó. Bien por los que no se dejan atrapar por las cuadrículas. Amigo mío, ya encontrarás un buen oficinista que saque su planilla y diga, sí, has cumplimentado todos los pasos requeridos, proceda por esa puerta, ahora nos casamos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

retazos


Esos pedazos sobrantes, desperdicios que quedaron ahí, colgados, deshilachados. Los retazos del amor. Sangran y se secan al sol, se curten al calor de la siesta. Crujen, se quejan, chirrían. Son pedazos de carne que se secan, se pudren. Se llenan de moscas y gusanos.

Los retazos del amor son pedazos de telas. Que no sirven para nada. Juntan mugre, pelusa, pelos y arañas. Se llenan de bichos y se descomponen en las esquinas oscuras y olvidadas. Amogosados, afelpados, podridos.

Los retazos del amor son cuerdas de cuero curtido que amarran un barco que no parte. Lo dejan inmóvil. Lo aferran al puerto.

Los retazos malolientes, putrefactos, del amor perdido, que nunca fue, que se desbarrancó y se desarmó como se desarman las figuras de arena, de polvo, de cera. Como se derriten los plásticos.

Los retazos crujientes del amor abandonado son cueros mínimos, tiras de longaniza, panceta, que se fríen en un sartén. Se queman al fuego. Explotan de vez en cuando, lastimando a los que están cerca con gotas de grasa hirviendo.

Los retazos dolorosos, sangrantes, coagulados del amor que no existió, mortifican, hunden sus filamentos en la carne, hunden sus tendones en el hueso. Tironean desde la médula. Apresan el corazón. Lo asfixian.

Retazos mínimos, descartados, olvidados del amor que no existió,
no existen. No están, no se ven.

Atemorizan.

Entran por los poros, la nariz, la garganta, en el estómago. Llenan de bichos los ojos, de estopa la boca. Son manojos de porquería que atoran los pulmones, que asfixian la tráquea.

Por eso los odio.

Los detesto.

Son mosquitos, sanguijuelas, chupasangres. Que se alimentan cada día, cada noche.

Retazos ponzoñosos, traicioneros, vengativos, del amor desvanecido
Esperan cada mañana y cada noche su ración de tu sangre
Como lobos hambrientos, jauría de perros rabiosos

Rodean la casa
Y la incendian

Amordazan y estaquean
asaltan y muerden
desangran
desgarran
y ríen


Retazos mínimos, olvidados, del amor malherido, apaleado, basureado, humillado, vuelven cada noche a patotearte, a exigirte el diezmo, a saquear la aldea

son un ejército asesino que arrasa todo lo que encuentra
una plaga de alimañas que corroe la tierra a su paso

déjenme en paz

suéltenme la mano
así me hundo en lo profundo
y no los veo más


Los jirones destrozados del amor que ya no está, que se ha ido, que nunca fue,
te sostienen a flote, aferrado por tenues hilos, telarañas invisibles, colgando del acantilado de la vida

esos odiosos pedacitos descartados, con su dolor a fuego lento, te traen el suero endovenoso que te mantiene
vivo

miércoles, 4 de abril de 2012

imagen


Cuando llegábamos en el micro de la madrugada y mi mamá le decía al taxista, si va por la costanera hasta minuzi… para que él supiera que ella sabía. Y después llegábamos a la casa de la abuela y ella en pantuflas y una bata, prendía esa estufa mínima y ponía la pava y empezaba eso de charlar y charlar y charlar, y contar cómo anda este y cómo anda aquél, y los grandes estaban en eso mientras los chicos íbamos comiendo pan con dulce de tuti fruti, o de zapallo, o de tomate, y una leche en esas tazas de loza grandotas y cuarteadas. De a poco, iba saliendo el sol y la cocina de mi abuela se atemperaba. Ésa es una imagen de la felicidad.

domingo, 25 de marzo de 2012

Jardín

hoy estuve haciendo cosas con plantas. tengo un macetero que tiene menta. la menta ha crecido un montón y ya lleva varias sequías y varias recrecidas en ese mismo lugar. por lo que no tiene más tierra en esa maceta. hace unos días compré una nueva y la preparé con tierra nueva y la puse al lado como para que continúe para aquel lado - porque con la menta tenemos una relación importante y vale la pena que haya mucha. pero había que transplantar un cachito de esta planta para el otro lado. vieras cuantas raíces tenía y qué duras que eran... me lastimé las manos tratando de separar un cacho de menta para que viviera en el otro cantero. claro, aunque ya no tiene espacio ni nutriente, la pobrecita no sabe que le espera es mucho mejor, sólo sabe que se tiene que agarrar lo más fuerte a donde está. y a veces el corazón es así, una planta rastrera que se aferra a lo que hay. no sabe de traslados ni transplantes, sólo sabe de desgarros y cortaduras.