Esos pedazos
sobrantes, desperdicios que quedaron ahí, colgados, deshilachados. Los retazos
del amor. Sangran y se secan al sol, se curten al calor de la siesta. Crujen,
se quejan, chirrían. Son pedazos de carne que se secan, se pudren. Se llenan de
moscas y gusanos.
Los retazos del amor son pedazos de
telas. Que no sirven para nada. Juntan mugre, pelusa, pelos y arañas. Se llenan de bichos y se descomponen en las esquinas oscuras y olvidadas.
Amogosados, afelpados, podridos.
Los retazos del amor son cuerdas de cuero
curtido que amarran un barco que no parte. Lo dejan inmóvil. Lo aferran al
puerto.
Los retazos malolientes, putrefactos, del
amor perdido, que nunca fue, que se desbarrancó y se desarmó
como se desarman las figuras de arena, de polvo, de cera. Como se derriten los
plásticos.
Los retazos crujientes del amor abandonado
son cueros mínimos, tiras de longaniza, panceta, que se fríen en un sartén. Se queman al fuego. Explotan de vez en cuando, lastimando a los que
están cerca con gotas de grasa hirviendo.
Los retazos dolorosos, sangrantes,
coagulados del amor que no existió, mortifican, hunden sus filamentos en la
carne, hunden sus tendones en el hueso. Tironean desde la médula. Apresan el
corazón. Lo asfixian.
Retazos mínimos, descartados,
olvidados del amor que no existió,
no existen. No están, no se ven.
no existen. No están, no se ven.
Atemorizan.
Entran por los poros, la nariz, la
garganta, en el estómago. Llenan de bichos los ojos, de estopa la boca. Son
manojos de porquería que atoran los pulmones, que asfixian la tráquea.
Por eso los odio.
Los detesto.
Son mosquitos, sanguijuelas,
chupasangres. Que se alimentan cada día, cada noche.
Retazos ponzoñosos, traicioneros,
vengativos, del amor desvanecido
Esperan cada mañana y cada noche su
ración de tu sangre
Como lobos hambrientos, jauría de perros
rabiosos
Rodean la casa
Y la incendian
Amordazan y estaquean
asaltan y muerden
desangran
desgarran
y ríen
desgarran
y ríen
Retazos mínimos, olvidados, del amor
malherido, apaleado, basureado, humillado, vuelven cada noche a patotearte, a
exigirte el diezmo, a saquear la aldea
son un ejército asesino que arrasa todo
lo que encuentra
una plaga de alimañas que corroe la
tierra a su paso
déjenme en paz
suéltenme la mano
así me hundo en lo profundo
y no los veo más
Los jirones destrozados del amor que ya
no está, que se ha ido, que nunca fue,
te sostienen a flote, aferrado por tenues hilos, telarañas invisibles, colgando del acantilado de la vida
te sostienen a flote, aferrado por tenues hilos, telarañas invisibles, colgando del acantilado de la vida
esos odiosos pedacitos descartados, con
su dolor a fuego lento, te traen el suero endovenoso que te mantiene
vivo

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