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sábado, 7 de septiembre de 2013

¿Y si después me arrepiento?



La pregunta me suena en la cabeza una y otra vez. Es como un proceso inverso al de entender. Porque hace un tiempo creía que entendía y ahora ya no entiendo qué significa esa pregunta.



¿Cómo puede alguien arrepentirse de una decisión crucial y vital? ¿Puedo arrepentirme de haberme casado? ¿De haberme divorciado? ¿De haber renunciado a aquel trabajo o de haberlo tomado? ¿Puedo arrepentirme de tener un hijo, o de mudarme de casa, o de cambiar de ciudad?



Ciertamente uno puede arrepentirse de todo y de cada cosa, pero el asunto no es la capacidad humana de arrepentimiento, ilimitada, me imagino. Pero eso es una cosa que tratan las religiones y no me metería en ese terreno porque capaz que hasta cobran alquiler.



La cosa es qué significa eso de “y si después me arrepiento”. Como si uno, el que está más acá de la decisión pudiera pensar a aquél que uno será en el más allá de la decisión. Como si uno tuviera que preguntare si después del suicidio, no será que me arrepentiré.



Y vale la comparación, aunque mortuoria, porque hay algo que muere, hay algo de inmolación en una decisión. Alguien debe morir: ese que soy acá y que una vez que pase por esa puerta, nunca más seré.



Porque ese otro del otro lado de la puerta no va a entender ni siquiera el idioma en el que le hablás de esto de arrepentirse.



Como yo no entiendo lo que decís y te miro con cara de yupikingli.

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