¿Y si después me arrepiento?
La pregunta me suena en la cabeza una y
otra vez. Es como un proceso inverso al de entender. Porque hace un tiempo
creía que entendía y ahora ya no entiendo qué significa esa pregunta.
¿Cómo puede alguien arrepentirse de una decisión
crucial y vital? ¿Puedo arrepentirme de haberme casado? ¿De haberme divorciado?
¿De haber renunciado a aquel trabajo o de haberlo tomado? ¿Puedo arrepentirme
de tener un hijo, o de mudarme de casa, o de cambiar de ciudad?
Ciertamente uno puede arrepentirse de
todo y de cada cosa, pero el asunto no es la capacidad humana de
arrepentimiento, ilimitada, me imagino. Pero eso es una cosa que tratan las
religiones y no me metería en ese terreno porque capaz que hasta cobran
alquiler.
La cosa es qué significa eso de “y si
después me arrepiento”. Como si uno, el que está más acá de la decisión pudiera
pensar a aquél que uno será en el más allá de la decisión. Como si uno tuviera
que preguntare si después del suicidio, no será que me arrepentiré.
Y vale la comparación, aunque mortuoria,
porque hay algo que muere, hay algo de inmolación en una decisión. Alguien debe
morir: ese que soy acá y que una vez que pase por esa puerta, nunca más seré.
Porque ese otro del otro lado de la
puerta no va a entender ni siquiera el idioma en el que le hablás de esto de
arrepentirse.
Como yo no entiendo lo que decís y te
miro con cara de yupikingli.
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